En las últimas tres décadas, los diagnósticos de autismo han aumentado un 6000%, una cifra que despierta preocupación y genera interrogantes sobre sus causas. De cara al Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, el psiquiatra infantojuvenil Christian Plebst advierte sobre la necesidad de un enfoque integral que contemple factores biológicos, ambientales y sociales.

Más allá del diagnóstico: repensando el autismo

El autismo ha sido tradicionalmente abordado como un trastorno de origen biológico, pero Plebst sostiene que es un síndrome conductual dinámico. «No hay una única causa, sino múltiples factores que pueden llevar a este diagnóstico: genéticos, congénitos, ambientales y sociales», explica.

En lugar de ver a los niños con autismo como «fallados», el especialista señala que presentan una desorganización del desarrollo debido a la dificultad del cerebro para integrar y procesar experiencias clave en la infancia. «Cuando el cerebro no logra autorregularse, entra en un modo de defensa, lo que se traduce en conductas repetitivas y de auto-calma», detalla.

Pantallas y desconexión: un impacto en el desarrollo

Plebst destaca el uso excesivo de pantallas como un factor que puede influir en el desarrollo del autismo. «Las pantallas ofrecen estímulos inmediatos sin esfuerzo, afectando el aprendizaje natural basado en la exploración corporal y la interacción humana», advierte.

Los niños necesitan participar en actividades reales, como jugar al aire libre o compartir tareas cotidianas. Sin embargo, la crianza actual ha reducido estas experiencias, lo que podría impactar el desarrollo neurológico. «Hemos perdido la conexión con el movimiento y la interacción con el mundo real», señala.

Hacia una comprensión más inclusiva

Plebst cuestiona la tendencia a realizar diagnósticos rápidos y tratamientos estandarizados, abogando por una visión más personalizada. «No se trata de encasillar al niño en una etiqueta, sino de comprender su entorno y necesidades individuales», enfatiza.

También subraya la importancia de la inclusión escolar. «La escuela no debe ser un espacio de segregación, sino un ecosistema donde todos puedan aprender juntos», sostiene.

Señales de alerta y acompañamiento temprano

El especialista recalca la importancia de detectar signos tempranos, como la falta de balbuceo entre los 6 y 12 meses o la ausencia de interacción social desde el primer año. Sin embargo, insiste en que el objetivo no es generar alarma en los padres, sino fomentar un acompañamiento sensible y adecuado.

Un llamado a la empatía y la comprensión

Plebst propone un cambio de paradigma: pasar de una visión estrictamente médica a una comprensión sistémica del autismo. «El aumento de diagnósticos no responde solo a factores biológicos, sino también a transformaciones en nuestro estilo de vida, la pérdida de la crianza en comunidad y la desconexión con la realidad», argumenta.

Iniciativas como la creación de espacios accesibles en estadios de fútbol buscan fomentar la inclusión. «El objetivo no es aislar a los niños, sino que puedan compartir los mismos espacios con todos», concluye.

En el marco del Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, el mensaje es claro: más allá de los diagnósticos, es fundamental construir entornos donde cada niño pueda desarrollarse a su ritmo. La clave está en la comprensión, la inclusión y la construcción de una sociedad más empática.