Cuando suena la sirena, cientos de hombres y mujeres comunes, sin capa ni antifaz, se aprestan a exponer su integridad física por el bien de cada uno de nosotros, en su brillante vehículo rojo y ante la desesperación de las víctimas, llegan ellos, seres humanos dueños de un arrojo e interés por el otro, que muchas veces secan las lágrimas de quienes sufrimos ante el Horror del fuego.

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Siempre listos, para su entorno, es común ver en sus vehículos particulare los trajes de super héroes, casco, botas y ropa antiflama, conviven con esposas e hijos y sin cabina telefónica donde cambiarse, los bomberos voluntarios y de manera fugaz asisten al lugar cuando el sonido de una sirena, se transforma en su BATISEÑAL
Nuestros superhéroes comenzaron sus actividades en la ciudad, el 25 de abril de 1924, por iniciativa del inmigrante italiano llamado Domingo Leveratto, hombre que entendió que las llamas afectaban las humildes casas que poblaban la ciudad, en su mayoría de madera y zinc.

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Su primer jefe de cuartel fue Clarimundo Morgada, en el cuerpo que funcionó en su debut en la calle 8 entre 166 y Montevideo. Demostrado el coraje y honradez de los hombres componían las filas del cuerpo en 1939 la entidad consiguió la personería jurídica y ese mismo año se mudó a su actual ubicación, en las calles 8 y 164.
Para nuestra querida ciudad que se vió poblada allá por el año en 1871; en su urbanidad que se destacaba por conformarse en un desprolijo entramado de casas distanciadas sin orden donde la mayoría de las familias trabajaban en los frigoríficos Swift y Armour y en el Puerto, la aparición de los bomberos voluntarios llevaba tranquilidad a los moradores de la zona..
Pocos años después la ciudad cobraba un nuevo impulso y se radicaron la destilería YPF y la hilandería inglesa The Patent Knitting y se asentó una regular cantidad de quintas ubicada sobre la Isla Paulino y la extensa costa del Río de La Plata.

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Consolidado el crecimiento Urbano, el flagelo del fuego comenzó a azotar Las viviendas que eran devoradas por los incendios, afectando a los vecinos que también debían ser evacuados al igual que lo hacían cuando el sudeste azotaba y el agua llegaba a las casas de los pobladores.
Voraces incendios afectaban el puerto y la industria, los campos y sus casas, pero desde aquel día de 1924 los habitantes de Berisso entonces, habían recurrido a la desinteresada colaboración de su cuerpo de bomberos voluntarios.

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El cuartel participó de los accidentes más resonantes de la historia de la Región. En ese sentido, la zona del puerto fue la que, durante toda una época en que todavía no existían las medidas de seguridad actuales, concentró la mayor parte de los episodios: la explosión del buque San Blas (1944), la destrucción, por el fuego, del Florentino Ameghino (1961), el estallido e incendio simultáneo de los barcos Cutralcó, Islas Orcadas y Fray Luis Beltrán (1968) y el incendio del buque Astra Sol (1983), entre otros. Pero también ese cuerpo tuvo importantes actuaciones anteriores, como cuando en 1934 ardió el Molino Campodónico (1 entre 57 y 58). También asistió con sus hombres y sus equipos las distintas emergencias sufridas en la refinería YPF (1928, 1949, 1953, 1963, 1975, 1981, 1984, 1986, 1988, 1990, 1995); y brindó asistencia operativa y participó de las evacuaciones en las inundaciones ocurridas en la Región en los (años 1931, 1940, 1949, 1969, 1972, 1978, 1983, 1988, 1996, 2000, 200, 2003,2004 y 2005 y la última catástrofe del 2 de Abril de 2013). Además, se recuerda su intervención, en 1981, del trágico choque de trenes en Brandsen.

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