Altas temperaturas, cortes simultáneos y falta total de información oficial expusieron una vez más el colapso de los servicios básicos. Crece la bronca social y el reclamo por inversiones reales.

Berisso volvió a atravesar una noche de pesadilla. Sin energía eléctrica y sin agua potable, miles de vecinos quedaron atrapados en una situación límite que ya dejó de ser excepcional para convertirse en rutina. La combinación de calor extremo, cortes prolongados y ausencia de respuestas oficiales desató una fuerte indignación social.

La interrupción del servicio eléctrico se produjo pasada la medianoche del martes y afectó a toda la ciudad, además de amplios sectores de La Plata y Ensenada. Si bien el corte general duró poco más de diez minutos, luego se sucedieron fallas intermitentes y problemas localizados que se extendieron durante horas. Una vez más, EDELAP mostró su incapacidad para garantizar un suministro mínimo en momentos de alta demanda.

Como si eso no alcanzara, el colapso energético dejó al descubierto otra falencia estructural: el agua. Barrios enteros de Berisso permanecieron sin servicio o con una presión tan baja que volvió imposible cualquier tarea básica. La situación volvió a poner en evidencia la precariedad del sistema que administra ABSA, cuya prestación dista cada vez más de lo que debería ser un servicio público esencial.

La reacción vecinal fue inmediata. Las redes sociales se llenaron de reclamos, mensajes de bronca y preguntas que ya suenan resignadas: “¿Hay que acostumbrarse a vivir así?”. Lo más grave no fue solo el corte, sino el silencio absoluto de ambas empresas durante las horas más críticas. Ni comunicados claros, ni explicaciones técnicas, ni plazos concretos de normalización. Nada.

La falta de información oficial profundizó la sensación de abandono y desamparo. En un contexto de temperaturas extremas, la ausencia simultánea de luz y agua no es una molestia: es un riesgo para la salud y una vulneración directa a derechos básicos.

La paciencia social parece agotarse. La comunidad de Berisso reclama algo más que excusas repetidas o comunicados tardíos: exige inversiones reales, planificación y controles efectivos. Porque mientras ABSA y EDELAP continúan funcionando con servicios deficientes, los vecinos siguen pagando las consecuencias de un sistema que no da respuestas y de empresas que parecen no rendir cuentas ante nadie.