No acercamos al proceso electoral de renovación de la mitad de los legisladores porteños: un buen momento para analizar el desempeño de nuestros legisladores, hombres y mujeres que se sientan en una banca durante 4 años para hacer las leyes que gobiernan a los porteños.
Muy pocas de importancia real y una gran cantidad de leyes que son meras declaraciones y proyectos, algunos de ellos insólitos -que muchas veces de tan malos ni siquiera consiguen ser aprobados- son la triste cara que ofrece un balance del trabajo de la Legislatura porteña.
Mucho se discute en la ciudad, pero si hay algo que une a los legisladores es la baja calidad parlamentaria, que atraviesa a integrantes de todos los bloques. Se puede decir, entonces, que para hacer mal las cosas, no hay grieta entre los políticos porteños.
Pedidos para que se nombre al 7 de octubre como el “Día de los valores villeros”; o para declarar “El día del maestro militante” son algunos de las insólitas iniciativas de la legisladora camporista Paula Pennaca. Ninguno de estos proyectos fue aprobado, no se sabe si por la situación de minoría en la que se encuentra el kirchnerismo o por algún resto de sentido común que aun habita en la Legislatura.
Sí tuvieron más suerte dos que también son de su autoría: una declaración de interés de una actividad de los boys scouts, y la declaración del grupo La Renga como “personalidad destacada de la cultura”. de mejorar la vida a alguien, ni hablemos, por el momento.
Esto de destacar personalidades se transformó en una verdadera plaga legislativa en los últimos años, convirtiéndose por lejos, en la mayor actividad de nuestros legisladores. Los macristas no se quedan atrás y desde el Puma José Luis Rodríguez hasta Susana Giménez, Tinelli o el inefable Sanfilippo, todos han tenido su reconocimiento y su foto correspondiente.
Como ya dijimos, no menos malos son algunos de los proyectos del PRO. Uno de los que se lleva los laureles es el de la legisladora Carolina Estebarena que pidió el 31 de marzo como el “Día de la Vocación Política” (sic). A diferencia de los otros bloques, la amplia mayoría macrista hace que, descabellado o no, toda propuesta que un legislador amarillo propone se aprueba.
Un caso inédito de velocidad parlamentaria es el que se dio en 2014, cuando se sancionó la ley 5033 que otorga diploma de honor al valor a los jugadores de la selección argentina de fútbol que salieron subcampeones en el Mundial de Brasil tan solo 4 días después de la fallida final. En esa jornada patriótica, los 50 legisladores presentes aprobaron la iniciativa de los entonces legisladores del Pro Ritondo y Pérez por unanimidad: Desde los macristas, Salvai y Polledo, pasando por los lilitos Oliveto Lago y Ferraro, el radical Nosiglia, y los kirchnersitas Ferreyra y Pennaca, y hasta al trotskista Ramal se sumaron a al frenesí celeste y blanco futbolero.
Para la Legislatura porteña, a escasos meses de su renovación parcial, el análisis de su trabajo legislativo, a todas luces, muestra un nivel bajo, para ser simpáticos con los ediles. Mucha declaración de interés, mucho beneplácito, mucho ciudadano ilustre, pero poquísimas leyes que verdaderamente le cambian la vida a la gente de a pie.

