El mapa bonaerense volvió a teñirse de celeste y marcó un fuerte respaldo al gobernador Axel Kicillof y a los jefes comunales del peronismo. Con más del 88% de las mesas escrutadas, Fuerza Patria se imponía en 100 de los 135 municipios, incluidos casi todos aquellos donde gobierna.
El dato no es menor: en los distritos donde los intendentes peronistas encabezaron sus listas, los triunfos fueron categóricos. La estrategia diseñada por Kicillof de municipalizar la campaña y fortalecer el peso territorial de los jefes comunales logró torcer una tendencia históricamente adversa para el peronismo en las elecciones de medio término.
Uno de los ejes centrales de la campaña fue la defensa de la producción y el trabajo frente al ajuste nacional. Los intendentes llevaron ese mensaje a cada barrio y a cada fábrica, subrayando la importancia de proteger a las pymes, cuidar el empleo y sostener el entramado productivo que se vio golpeado en los últimos meses por las políticas de Javier Milei.
“Los intendentes fueron el primer dique de contención de la crisis social y económica. Estuvieron en los territorios sosteniendo a los vecinos, cuidando a los que más sufrieron el ajuste y acompañando a los sectores productivos”, remarcaron desde el comando de campaña.
La celebración en La Plata condensó ese espíritu: una victoria que no sólo representa un rechazo a las políticas nacionales, sino también un aval a la gestión provincial y al trabajo coordinado con los intendentes.
El mensaje de las urnas fue claro: en Buenos Aires, producción, organización territorial y unidad política fueron las claves de un triunfo que reposiciona al peronismo y que deja en evidencia que, cuando se conecta con las necesidades de la gente, su fuerza electoral sigue siendo decisiva.

