Eva Perón falleció el día 26 de julio de 1952 . El padre Hernán Benítez le daría la extremaunción. El subsecretario de Prensa y Difusión, Apold, redactó el comunicado oficial que fue difundido a las 9:30 y que rezaba: “Cumple la Secretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación en informar al pueblo de la República Argentina que a las 20:25 hs ha fallecido la señora Eva Perón, Jefa Espiritual de la Nación. Sus restos serán conducidos, mañana, al Ministerio de Trabajo y Previsión, donde se instalará la capilla ardiente…”.

Su funeral fue el más grande la historia Argentina. Sólo la muerte de Hipólito Yrigoyen, en 1933, había concitado una convocatoria popular de tal magnitud. Alicia Dujovne Ortíz así lo describió: “La lluvia no paraba un solo instante. La fila de llorosos se alargaba, zigzagueando bajo un techo de paraguas y de papel de diario. Se calculó que llegaba a medir tres kilómetros. Esperaban diez horas haciendo cola, helados, empapados, hambrientos, a menudo enfermos”.

Así transcurrían los meses del invierno de 1952, el año que quedaría para siempre en el recuerdo de los argentinos como el de la muerte de Eva Perón y el tiempo en el que se comió pan negro.

A fin de año, el Congreso aprobó el Plan Quinquenal. En los meses y años que siguieron, el programa de austeridad y estabilización arrojaría resultados. Se lograría reducir la inflación y se verificaría una mejora de los indicadores económicos. Perón demostraría que comprendía el sentido de los límites y que su movimiento era capaz de impulsar una política realista. Un extremo que parece escapar a la comprensión de muchos de sus seguidores en nuestros tiempos.