Con la calma de quien sabe que la historia también se escribe en los pequeños gestos, una vecina de 98 años se acercó este domingo a la Escuela Media N°1 para cumplir con su derecho cívico. Con paso lento pero firme, acompañada por su familia y con la ayuda de los fiscales presentes, logró emitir su voto.

El momento dejó una postal cargada de emoción y respeto: una mujer que, pese a las dificultades de la edad, no renunció al compromiso ciudadano que la acompañó durante casi un siglo. Su presencia fue más que un trámite electoral; fue un ejemplo vivo para los jóvenes, una lección de constancia y amor por la democracia.

En tiempos donde el desencanto suele ganar espacio, su gesto nos recuerda que el voto no es solo una obligación, sino un legado que atraviesa generaciones y mantiene encendida la llama de la participación.