Con la mirada puesta en el 7 de septiembre, la provincia de Buenos Aires se encamina hacia una elección legislativa que será determinante no solo para el oficialismo encabezado por Axel Kicillof, sino también para el futuro del kirchnerismo y del massismo dentro del tablero peronista. La renovación de 69 bancas —46 en Diputados y 23 en el Senado— pondrá a prueba la capacidad del gobernador para sostener su gobernabilidad en los dos años que restan de su mandato.

La pulseada del peronismo bonaerense: ¿unidad o fragmentación?

Luego de un cierre de listas cargado de tensiones, negociaciones de último minuto y candidaturas testimoniales, el peronismo logró mantenerse unido bajo el paraguas de Fuerza Patria. Sin embargo, esa unidad es frágil. En los hechos, la lista oficial refleja una convivencia tirante entre el kicillofismo, el kirchnerismo duro que responde a Máximo Kirchner, y el massismo, que aún busca redefinirse tras la derrota nacional de 2023.

La Tercera sección electoral —bastión histórico del peronismo— será clave para el oficialismo. Allí se concentra el 35% del padrón bonaerense y están en juego 18 bancas en Diputados. Kicillof necesita un buen desempeño en ese territorio para sostener la primera minoría legislativa y evitar quedar a merced de alianzas circunstanciales con sectores de la oposición.

Una Legislatura en disputa: la Cámara de Diputados

La Cámara baja se presenta como el escenario más fragmentado. El bloque del oficialismo, que actualmente cuenta con 37 escaños, pone en juego 19. Aunque es la bancada más numerosa, no tiene mayoría propia. De no retener una porción significativa de esos lugares, Kicillof se verá obligado a negociar cada ley, lo que podría complicar su gestión en una coyuntura económica y política difícil.

Del otro lado, el PRO y La Libertad Avanza (LLA) se presentan en alianza en varias secciones, compartiendo estrategia y candidaturas. Este nuevo esquema opositor aspira a consolidarse como alternativa con miras al 2027, aunque enfrenta su propia interna, con sectores alineados a Patricia Bullrich disputando espacio contra figuras más afines al diálogo con el oficialismo.

El massismo, por su parte, juega un papel ambiguo. Algunos de sus referentes forman parte de las listas del oficialismo, pero su estructura no tiene el peso de antaño. Tras el retroceso electoral a nivel nacional, el espacio que lidera Sergio Massa busca reubicarse como actor con capacidad de articulación, especialmente en la Primera sección.

El Senado y el desafío del quórum

En la Cámara alta, donde se renuevan 23 de las 46 bancas, el oficialismo también está obligado a defender su posición. Fuerza Patria arriesga 10 escaños de los 21 que posee. Sin mayoría automática, cada voto opositor será decisivo.

La oposición, encabezada por el PRO en tándem con LLA, arriesga 4 bancas, mientras que el radicalismo —agrupado en el bloque UCR-Cambio Federal— enfrenta el desafío mayor: renueva 7 de sus 8 senadores. Esta sección podría ser la más volátil, y un eventual retroceso opositor abriría espacio para una posible recomposición del oficialismo con aliados circunstanciales.

Un nuevo mapa de poder

Más allá de la cantidad de bancas, lo que se juega el próximo 7 de septiembre es el equilibrio político de la provincia más populosa del país. Si el kicillofismo logra consolidar su bloque y retener su capacidad de negociación, podrá blindar los últimos años de gestión y proyectarse hacia el futuro con ambiciones propias, incluso por fuera del paraguas de La Cámpora.

En cambio, un resultado adverso fortalecería la interna opositora —especialmente al ala bullrichista y libertaria— y dejaría a Kicillof en una situación de debilidad institucional, justo cuando algunos sectores ya lo proyectan como un eventual postulante presidencial para 2027.

Con un escenario tan polarizado y una Legislatura fragmentada, el resultado de septiembre no solo dirá quién gana más bancas, sino también quién puede gobernar en los hechos. Y ahí, el peronismo —con sus distintas vertientes— se juega mucho más que una elección. Se juega su futuro.