La tensión política en el Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires alcanza niveles críticos a pocos días del cierre de listas. Con la fecha límite del 8 de febrero acechando, la pulseada por la presidencia del PJ bonaerense expone una profunda fractura entre el gobernador Axel Kicillof y el actual titular del partido, Máximo Kirchner, líder de La Cámpora. Lo que parecía una negociación de cúpulas, se ha transformado en una verdadera guerra fría con miras a las elecciones internas del 15 de marzo.

El fuego cruzado se intensificó con la ratificación del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), espacio afín a Kicillof, de la vicegobernadora Verónica Magario como su principal carta para conducir el PJ. Magario, una figura de peso con fuerte arraigo en la Primera y Tercera Sección Electoral, las cunas del voto peronista, ya habría aceptado el desafío de encabezar la lista.

Este movimiento es interpretado como un claro desplante a la continuidad de Máximo Kirchner y un intento de Kicillof por consolidar su propio poder territorial dentro del partido. Sin embargo, la estrategia de Kicillof no se agota en Magario.

En un juego de ajedrez político, el nombre de Julio Alak, actual intendente de La Plata, emerge como una opción alternativa. Alak es visto por algunos sectores como un «tapón» o una figura de consenso que podría desactivar una confrontación directa con La Cámpora y, al mismo tiempo, frenar el avance de Magario si las negociaciones se empantanan aún más. Esta doble jugada de Kicillof demuestra su determinación de no ceder el control del partido.

Desde las filas camporistas, la consigna es clara: Máximo Kirchner debe continuar al frente del PJ. Aunque se hizo trascender la idea de que Kicillof debería liderar una lista de unidad, la realidad es que nunca hubo una propuesta formal que permitiera destrabar la situación.

Voces como la de Florencia Saintout, referente de La Cámpora y funcionaria bonaerense, han ratificado públicamente el respaldo al hijo de la vicepresidenta, solidificando la postura del kirchnerismo y complicando cualquier intento de acuerdo. La falta de una oferta concreta por parte de La Cámpora es vista como una táctica dilatoria para mantener a Máximo Kirchner en la presidencia por defecto.

La falta de acuerdo no es solo una disputa por cargos; anticipa un escenario de confrontación interna que podría sentar las bases para una ruptura más profunda en el peronismo bonaerense. La fractura entre Axel Kicillof y el sector que responde a Cristina Fernández de Kirchner se hace cada vez más evidente, y las consecuencias de esta pulseada podrían redefinir el mapa político provincial y nacional.

El 15 de marzo no será solo una elección interna, sino un termómetro de la relación de fuerzas dentro del peronismo.