A pocas horas de inaugurar un nuevo período de sesiones ordinarias en la Legislatura bonaerense, Axel Kicillof llega al 2 de marzo con una posición política fortalecida y un respaldo institucional que lo ubica como el principal ordenador del peronismo en la provincia de Buenos Aires.
La oficialización de la lista única para conducir el Partido Justicialista bonaerense, resuelta por la Junta Electoral partidaria hacia fines de febrero, marcó un punto de inflexión tras meses de tensiones internas. El acuerdo consagró a Kicillof como presidente del Consejo Provincial, con Verónica Magario como vicepresidenta primera, y una distribución equilibrada de cargos entre el Movimiento Derecho al Futuro y el kirchnerismo.
El esquema se completa con Máximo Kirchner al frente del Congreso partidario, en una arquitectura política que busca exhibir institucionalidad y convivencia interna, evitando una interna abierta que hubiera debilitado al oficialismo provincial en un año clave.
La estrategia permitió cerrar filas a nivel provincial y posicionó al gobernador como el principal articulador del PJ bonaerense. Sin embargo, el proceso dejó al descubierto diferencias en el plano territorial: en varios municipios —entre ellos Tres de Febrero, Morón, San Miguel y Mar del Plata— persistirán disputas locales de cara al 15 de marzo, una señal de que la unidad aún no se expresa de manera homogénea en toda la provincia.
En este contexto, todas las miradas están puestas en el mensaje que Kicillof brindará ante la Asamblea Legislativa el lunes 2 de marzo a las 17, con motivo del inicio del 154° período de sesiones ordinarias. Desde Gobernación anticipan un discurso extenso, con eje en la gestión y un fuerte contraste con el rumbo económico del gobierno nacional de Javier Milei.
El gobernador realizará un balance detallado de las políticas públicas implementadas en educación, salud, vivienda y seguridad, al tiempo que cuestionará el impacto del ajuste nacional sobre las provincias: caída de la actividad, cierre de empresas, pérdida de empleo y deterioro del poder adquisitivo. El tono será institucional, pero con una clara impronta confrontativa.
Sin acto masivo ni movilización en las calles, el discurso buscará reforzar su perfil de gestión y liderazgo político. En La Plata admiten que “el contexto no da” para una demostración de fuerza, pero destacan que el mensaje apunta a consolidar a Kicillof como la principal referencia opositora con estructura territorial y respaldo partidario real.
Mientras tanto, el escenario nacional y las especulaciones sobre 2027 siguen atravesando al peronismo. El reciente reencuentro público entre Cristina Kirchner y Miguel Pichetto volvió a agitar versiones y lecturas cruzadas, aunque sin impacto directo en la dinámica bonaerense.
El lunes será una prueba clave. Kicillof buscará transformar la unidad partidaria alcanzada en fortaleza política, mostrar control del peronismo provincial y proyectar su liderazgo más allá de Buenos Aires, en un escenario nacional marcado por la incertidumbre económica y la fragmentación opositora.

