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Foto: Anibal A.Fernandez

En el marco de los 30 años de Suteba Berisso , fue convocado el escritor Mariano Dubin a presentar y debatir sobre su ultima obra » Parte de Guerra». En un marco propicio como es la calle Nueva York , Docentes, publico en general y alumnos de escuelas de la ciudad debatieron sobre la obra del autor y sobre la actualidad del país.

Dice Mariano Dubin a forma de presentar su obra:

«Si uno escribiera la historia de las calles más importantes del país (y ahora envalentonado, digo, del mundo) un capítulo primordial sería el de la calle Nueva York de Berisso. A mí es una calle que me llega desde todos los ángulos. De manera familiar, porque mi abuelo Abraham, estuvo en esa calle el 17 de octubre de 1945 donde se cocinaba el peronismo. Mi abuelo sería, finalmente, un acérrimo gorila -fue un convencido de la barbarie peronista hasta poco años antes de fallecer que me reconoció que Perón había hecho algunas cosas grandes para el país: él fue ingeniero, de hecho, gracias a la creación de la Universidad Obrera-. Ese día, mi abuelo, vio el levantamiento de masas más grande de la historia contemporánea argentina y caminó junto a miles de obreros hasta Buenos Aires (él, finalmente, se fue a dormir a la pieza que compartía con su abuelo rabino y dejó esa única huella peronista para su nieto). La Nueva York también me llega por lo barrial. A los quince o dieciséis años me convencí que el argentino modelo era el malevo. Influido por las letras de tango, que mi padre me había machacado desde los cinco o seis años, creí que el prototipo de compadrito, desinteresado, esquinero, peleador, pucho en la oreja, y debiéndole la noche alguna muerte, era la síntesis moral de lo rioplatense. Más vale que me avive que eso era cuestión de libros pero, por suerte, encontré compadritos contemporáneos en la plaza de mi barrio que rápidamente asimilé a los héroes del arrabal tanguero y los asumí como prototipo estético y moral de todo: desde la poesía latina a la cumbia villera me parecía que todo funcionaba como un prólogo o un anexo de esta historia. Y acá volvió la Nueva York a deslumbrarme: porque los más bravos de Tolosa y Ringuelet hablaban siempre con respeto curtido sobre los berissense, y, principalmente, sobre los nuyorkinos: el arrabal del arrabal berissense. La Nueva York se iba haciendo una obsesión personal. Empecé a leer sobre sus héroes y descubrí, al menos, dos grandes líderes clasistas: José Peters, dirigente comunista del gremio de la carne y Cipriano Reyes, creador del Partido Laborista y principal artífice del 17 de Octubre. Encima, según varios sabedores del tema, el Mariscal Tito, futuro presidente comunista de Yugoslavia, vivió clandestinamente en la Nueva York haciendo trabajos para el Komintern; decenas de veces pude hablar con viejos que aseguraban que Tito vivió en una pensión mugrosa de la calle. A todo eso, mi viejo, que había sido militante en Berisso en los 70 siempre me hablaba con orgullo de la huelga gremial de 1978 que hizo el Sindicato de la Carne contra la dictadura. Dicen que tuvieron que entrar con tanques a la Nueva York para poder enfrentar la revuelta obrera. El frigorífico Swift, cuando descubrió que ni siquiera con las matanzas y desapariciones y torturas de los obreros berissenses podía aplacar su clasismo revolucionario, decidió irse a otras tierras. Pero, la calle Nueva York, una y otra vez, volvía. Como a los veinte años empecé a salir con Flavia, y Flavia se había criado en la Nueva York! Que fueron salidas de novios dar vueltas por el barrio: una cita proleta, las que van. Y la Nueva York siguió apareciendo una y otra vez en mi vida: con Flavia, decidimos casarnos, y elegimos un club de la Nueva York como festejo de casorio (¡vino, guiso de lentejas y cuadro de Perón y Eva!). Encima, me puse a trabajar allá; por cinco años, más o menos, trabajé en la escuela de la Nueva York. ¿Qué más puedo contar? Feliz de presentar Parte de guerra en uno de esos rincones donde la historia se mueve. «

@ Anibal F

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