Walter Medina es padre de dos pequeños hijos, trabajador y Bombero voluntario, que tuvo la desgracia de quedarse sin su fuente de ingresos, de su trabajo, del sustento para con sus hijos.

Una pena, una realidad que desde hace un tiempo a esta parte, comienza a palparse cada vez más seguido entre los vecinos de cualquier barrio.

No creo conveniente entrar en el por que de la pérdida de su empleo, porque de hacerlo, temo caer en un debate que a esta altura no tiene demasiada importancia. Lo cierto y para pincelar este cuadro por el que atraviesa Walter, se quedó sin trabajo y tomó la desesperada decisión de iniciar una huelga de hambre, porque no tiene trabajo, porque no se siente digno, porque han avasallado su condición de hombre.

Walter es un joven como tantos otros cargado de sueños, esperanzado de un futuro, con ganas de ver crecer  y progresar a sus hijos, educado en la cultura del trabajo, en la solidaridad, en el voluntariado, en esa vocación a partir del cual expone su integridad física para salvaguardar la de su prójimo. Ese es Walter, el pibe, el bombero, el padre, el vecino…uno más de todos nosotros.

Walter es el hombre llevado al extremo, a exponer una vez más su vida, pero esta vez en busca de su dignidad, de esa dignidad que da el trabajo. Entonces debo preguntarme, ¿donde está el estado, donde estamos todos? aprietes, reproches y un millón de acciones que nos acercan una vez más, a conductas que parecían haber quedado atrás.

La sociedad se debe un debate, el estado debe hacerse presente, porque si algo le pasara al vecino, al hombre, al bombero, de seguro los medios darían la noticia, pero el alma de los gobernantes estará oscura por lo que pasó y quienes fueron elegidos para protagonizar un cambio, habrán defraudado a quienes creyeron en ellos.

El estado debe interceder ante estos problemas, el Intendente Jorge Nedela debe tomar cartas en el asunto, de nada sirve la promesa de trabajo si el trabajo no llega, si el estomago hace ruido, si el llanto de los hijos se transforma en un dolor insoportable. Los tiempos de la política no son los tiempos reales de los hombres, así que cumplamos las promesas, porque solo entiende el dolor del hambre quien lo ha sufrido.

Señor intendente, señores gobernantes, apelo a su sentido común para solucionar el problema de un hombre que ya pasó, a ser de todos.

Lic. Roberto Alejandro Lara