En 2021, una adolescente de 17 años denunció a su entonces compañero de curso en la Escuela Normal N° 2 de La Plata por una experiencia sexual no consentida: durante una relación acordada con preservativo, él se lo quitó sin avisarle, una práctica conocida como stealthing. El caso, que también incluyó denuncias por hostigamiento escolar, tocamientos no deseados en espacios públicos y la difusión de su intimidad, escaló hasta el Fuero Penal Juvenil. Pero lejos de encaminarse hacia una condena judicial tradicional, encontró una salida poco habitual: la justicia restaurativa.

El caso no solo sacudió a la comunidad educativa –con sentadas organizadas por el Centro de Estudiantes y un escrache público en redes– sino que puso sobre la mesa un tipo de agresión aún no tipificado como delito en Argentina, aunque sí considerado abuso sexual. La joven, hoy estudiante universitaria, recibió acompañamiento legal y protección judicial, incluyendo una orden de restricción y un botón antipánico.

Sin embargo, ante la fragilidad probatoria del caso y las escasas chances de una condena efectiva, su abogada propuso un camino alternativo. Fue así como intervino la Fundación Acción Restaurativa Argentina (FARA), que durante ocho meses trabajó con el joven denunciado. A través de encuentros interdisciplinarios, el adolescente debió confrontar su responsabilidad, revisar sus narrativas justificatorias y modificar patrones de comportamiento. También fue acompañado para replantear sus vínculos afectivos y de pareja.

“Al principio, minimizaba lo ocurrido. Decía que no había entendido que ella había pedido usar preservativo. Tuvimos que desarmar ese relato para que pudiera asumir que había vulnerado su consentimiento”, explicó Silvina Paz, cofundadora de FARA.

El proceso culminó con una carta de disculpas escrita por él y entregada a la denunciante en noviembre de 2024. “Fue genuina, sentí que había aprendido algo”, dijo la joven, que accedió a escuchar cómo había sido todo el proceso.

Con la presentación de un informe ante el Juzgado de Garantías del Joven N° 3, la causa penal fue cerrada. “Si seguíamos el camino tradicional, quizá terminaba absuelto, con la sensación de que no había hecho nada malo. Acá, al menos, hubo un reconocimiento, un aprendizaje y una reparación simbólica”, valoró la abogada Fabiana Rogliano.

El caso, que había generado fuerte repercusión al momento de la denuncia, permanecía hasta ahora con su desenlace desconocido. La justicia restaurativa ofreció una salida distinta, que no borra el daño pero sí apuesta a que no vuelva a repetirse.