Detrás de cada obra terminada hay una historia de esfuerzo, sacrificio y perseverancia. La de Ricardo Comas no es la excepción. Con más de dos décadas de trayectoria en el rubro de la construcción, el vecino berissense compartió con Berisso Observa cómo nació su emprendimiento, los desafíos que enfrentó y los valores que intenta transmitir cada día.

Aunque hoy dirige su propia empresa constructora, Ricardo asegura que nunca existió un sueño puntual de convertirse en empresario. Su historia comenzó mucho antes, cuando apenas tenía 13 años y dio sus primeros pasos en la construcción.

“Arranqué trabajando en pintura, después en albañilería, siempre bajo patrón. Estudié en la escuela técnica y me recibí de Maestro Mayor de Obras. Con el tiempo fui aprendiendo todos los rubros de la construcción porque era algo que realmente me interesaba”, recordó.

Una decisión impulsada por la familia

El gran punto de inflexión llegó cuando tuvo que priorizar el cuidado de uno de sus hijos, quien atravesaba una situación de discapacidad y requería atención permanente.

“Necesitaba manejar mis propios tiempos para poder estar presente cuando hiciera falta. En las empresas era complicado conseguir permisos y muchas veces terminaban descontándote o directamente no entendían la situación. Finalmente me despidieron y decidí apostar por mi cuenta”, contó.

Fue entonces cuando nació el proyecto que lleva el nombre de su hijo menor, una decisión que cambió su vida para siempre.

Los desafíos de emprender

Lejos de idealizar el trabajo independiente, Ricardo reconoce que el camino estuvo lleno de obstáculos.

“La gente piensa que trabajar por cuenta propia es todo color de rosa, pero no es así. Hay momentos buenos y momentos muy difíciles. En estos más de 20 años llegué a quebrar dos veces”, confesó.

Sin embargo, nunca abandonó el oficio que aprendió desde joven. “Siempre tuve claro que quería vivir de esto y seguir adelante”, aseguró.

El apoyo incondicional

Cuando se le pregunta quién estuvo a su lado en los momentos más complejos, la respuesta llega sin titubeos.

“Mi mujer. Ella fue y sigue siendo de fierro”, afirmó.

La satisfacción de construir hogares

Para Ricardo, cada obra terminada representa mucho más que ladrillos y cemento.

“Hay mucho estrés, nervios y responsabilidad detrás de una construcción. Uno trata de hacer siempre lo mejor posible. Cuando una familia entra a su casa y te agradece o te vuelve a recomendar, esa es una satisfacción enorme”, expresó.

También destacó la diferencia entre diseñar y ejecutar una obra: “Los arquitectos proyectan, pero nosotros somos quienes transformamos ese diseño en realidad. Ahí está el verdadero desafío”.

Capacitarse para crecer

A lo largo de los años, la construcción evolucionó y él entendió que debía hacerlo también.

“La construcción se moderniza constantemente. Por eso hago cursos, capacitaciones y sigo estudiando. Nunca hay que quedarse quieto”, señaló.

Ese aprendizaje permanente también lo transmite a quienes trabajan con él. Según explicó, intenta fomentar la humildad, el profesionalismo y la confianza.

“Siempre les digo a los muchachos que inviertan en herramientas y que sigan creciendo. Uno nunca deja de aprender”, remarcó.

Clientes que se convierten en familia

Entre las mayores satisfacciones que le dejó la profesión aparecen las relaciones humanas construidas durante tantos años.

“Hay clientes que conocí cuando sus hijos eran chicos y hoy los veo adultos. Algunos hasta me dicen ‘Tío Ricardo’. Eso es algo muy lindo que te deja este trabajo”, relató emocionado.

Aprender de cada error

Lejos de considerarse un experto absoluto, Ricardo sostiene que el aprendizaje nunca termina.

“Aprendo de mis empleados, de mis clientes y de mí mismo. Siempre digo que me voy a morir sin saber trabajar del todo, sin saber ser padre del todo. La vida es aprender constantemente”, reflexionó.

La familia, primero

Si hay algo que atraviesa toda su historia es el lugar central que ocupa la familia.

“Ellos son todo. Si mi familia está bien, yo estoy bien y el trabajo sale bien. Por ellos salgo a trabajar todos los días”, aseguró.

Un mensaje para quienes quieren emprender

Al finalizar la charla, Ricardo dejó una reflexión destinada a quienes sueñan con iniciar un proyecto propio, pero todavía no se animan.

“Cuando uno tiene miedo de dar un paso, muchas veces significa que ese es el camino. Lo peor que puede pasar es quedarse con la duda. Hay que animarse, porque el miedo también forma parte del crecimiento”.

Con más de veinte años de experiencia, Ricardo Comas sigue construyendo mucho más que viviendas. Construye confianza, relaciones duraderas y una historia de superación que demuestra que, detrás de cada emprendimiento exitoso, suele haber una familia que inspira y sostiene cada paso del camino.