En el contexto de las elecciones internas que la Unión Cívica Radical de la provincia de Buenos Aires llevará a cabo el próximo 6 de octubre para elegir nuevas autoridades del Comité provincial, en Berisso dos candidatos se disputarán el mando del partido.
Por un lado, el actual presidente, Patricio Yalet, quien también se desempeña como concejal -con poco debate y muchas chicanas- en el HCD de la ciudad; y, del otro lado, nuevamente, Gabriel Kondratzky, reapareciendo en la escena política luego de unos meses desaparecido.
El contexto de la UCR nacional no es el mejor; no transita un buen momento. La aparición como gobierno de La Libertad Avanza puso en jaque los niveles de construcción en la política, y las herramientas para llevarla a cabo en las que el radicalismo no está eximido de ese escenario. La ausencia de diálogo produce la pérdida de calidad de sus dirigentes.
Asimismo, a nivel provincial, Miguel Fernández -representante de Maximiliano Abad- y Pablo Domenichini -con el aval de Martín Lousteau- se dirimirán para quedarse con la conducción bonaerense. En Berisso, estuvieron lejos de un consenso y de limar asperezas.
Ambos espacios de la ciudad se mantuvieron firmes, sin dar el brazo a torcer, y vuelven a disputarse el mando. Los interrogantes del porqué son muchos: ¿incapacidades?, ¿inoperancia?, ¿mezquindades y egos? No lo sabemos, pero la realidad es que el partido centenario no está a la altura de un contexto complicado para la mayoría de los vecinos.
La ala opositora, que representa al espacio de Lousteau, realizó fuertes críticas a la actual conducción por «cerrar las puertas del comité», siendo poco comprensiva y resolutiva, y apuestan a un «radicalismo unido, fuerte y pujante». Pero Kondratzky y compañía recién estas últimas semanas volvieron al ruedo de la política. ¿Dónde estuvieron ante las medidas del gobierno nacional?
Mientras tanto, el sector que responde a Abad y quienes llevan las riendas actuales del partido local han pasado desapercibidos durante el año. Tanto su presidente como Matías Nanni han estado más preocupados por las chicanas dentro del concejo que por los intereses o la realidad de los berissenses para responder a sus problemáticas.
La oposición local parece estar en otra sintonía. Con miras a las elecciones de medio término del 2025, la rosca no cesa y el rol del partido va perdiendo fuerza. Un radicalismo sin peso propio que quedó en medio de los rumores de la alianza con los libertarios o una unión con el peronismo, siendo esto el foco central por el cual se traba la discusión interna.
En esta situación se da esta particularidad: una cuerda cada vez más tensa y muchas turbulencias. Correligionarios y correligionarias tendrán que elegir a sus próximos representantes en un momento en el que al radicalismo se le pide más. Acuerdos que no llegaron y una distancia que recrudece aún más.

