Sobre el cierre de 2020, la sociedad en su conjunto continúa enfrentando una de las peores crisis económico-sociales de la historia. Sobre una economía castigada con años de políticas inefectivas apareció el poder destructivo de la pandemia. Lamentablemente, a la potenciación de la debacle económica provocada por el COVID, también se le suma un continuo registro de fallecidos que ha colocado a Argentina en el puesto 18 de muertes cada millón de habitantes. Lamentablemente, podríamos estar transitando una segunda ola de contagios, en medio de un evidente relajamiento en el comportamiento social aceptado tácitamente por todos los niveles de gobierno. Sin una política adecuada para evitar el creciente descontrol, en breve podríamos enfrentar una nueva crisis económica, social y sanitaria aun más grave que la ya experimentada hasta ahora.

En el actual contexto es necesario dejar de lado el oportunismo político de la crítica liviana y efectista, como así también la complacencia que transforma en épica cualquier acción menor e irrelevante. Es tiempo de propuestas que sean viables para transitar la realidad en que estamos inmersos y que permitan pensar alternativas para lograr los cambios estructurales que siguen pendientes después de 37 años del retorno a la Democracia. En este momento hay 2 ejes centrales para trabajar de manera urgente:

  1. Emergencia Sanitaria:

Ante el evidente desconcierto y errores de la aplicación de políticas públicas en los últimos tiempos, se hace necesario implementar un nuevo esquema de trabajo articulado entre Nación, Provincias y Municipios, para definir los nuevos protocolos y los posibles cambios de fases. Hay que volver a concientizar a la ciudadanía para evitar el colapso sanitario. Es necesario definir de manera urgente un programa respecto a la vacunación que implica: concretar los acuerdos necesarios, contar con la logística necesaria y difundir toda la información relevante a la ciudadanía para ofrecer tranquilidad y certeza con información seria y oficial. Es prioritario activar con mayor énfasis los mecanismos de testeo que aún hoy siguen siendo insuficientes (puesto 114 de testeos cada millón de habitantes).

  1. Emergencia Económico-Social:

Ante la posibilidad cierta de un recrudecimiento de los contagios es posible pensar que serán necesarias nuevamente medidas de contención económica, por lo cual es necesario anticiparse y tener preparadas las herramientas que serán utilizadas. El IFE, el programa ATP, préstamos a tasa cero para pymes y comercios y programas de asistencia alimentaria, son algunos de los temas a considerar.

Sin perjuicio de estas cuestiones es necesario considerar también un trabajo serio en materia de precios y tarifas para evitar un rebrote inflacionario. En ese sentido se debería impulsar un nuevo esquema de precios acordados más acotado pero más fácil de controlar, incluir un acuerdo permanente de precios de cortes populares de carne y  la activación del Observatorio de Precios  surgido de la Ley 26992 de 2014 y el Decreto  reglamentario 41 de 2015, que determina el monitoreo de precios, la disponibilidad de insumos, bienes y servicios  y permite establecer mediante el seguimiento de las cadenas de comercialización  las causas de la variación de precios y la etapa de la cadena responsable de la misma.

Por el lado de los ingresos es necesario actualizar el Salario Mínimo Vital y Móvil y vincularlo a la evolución de la canasta básica. Al mismo tiempo e independientemente del esquema de movilidad, es necesario establecer que las jubilaciones mínimas no podrán ser inferiores al 80% del SMVyM. Las Pensiones y las Pensiones por discapacidad serán equivalentes al 70% de la nueva jubilación mínima.

 

Evidentemente el primer frente está en la coyuntura. Si logramos resolver estos desafíos exitosamente podremos comenzar trabajar en la única herramienta que puede garantizar el  cambio estructural que necesitamos:

 

  1. Plan de Desarrollo Sustentable:

 

Lo que nuestro país necesita es un Plan integral que debe contener programas concretos para alcanzar equilibrios macroeconómicos duraderos, generar políticas efectivas de reducción de la pobreza, definir una nueva estrategia productiva y articular un programa transversal que permita asegurar la sustentabilidad ambiental del Plan en su conjunto.

En este marco, algunos de los temas que no pueden quedar afuera y que son un reclamo histórico a TODOS los gobiernos del 83 a la fecha:

 

  • Reforma tributaria progresiva en el marco de un sistema más simple.
  • Reforma a la Coparticipación para garantizar el Federalismo.
  • Reforma financiera.
  • Reforma al sistema Jubilaciones y Pensiones asegurando la sustentabilidad.
  • Nuevas políticas efectivas frente a la pobreza y la crisis social
  • Política efectiva de control de la inflación.
  • Desarrollo de una nueva estrategia productiva para nuestro país.

 

Más allá del efecto político que se busque, la mera enumeración de medidas aisladas, no constituye en absoluto un Plan de Desarrollo, y mucho menos la solución a los graves problemas que afectan a nuestro país.

 

Tenemos la responsabilidad ciudadana de reclamar al gobierno de turno acciones veloces y precisas en la compleja coyuntura y definiciones profundas para el largo plazo. Por eso no podemos tomar como determinantes medidas que reflejan el discurso de ciertos sectores empresariales, dejando de lado los temas estructurales que realmente afectan a nuestro país.

 

Quienes aspiramos a construir un nuevo espacio progresista debemos entender que una tercera opción que no garantice conceptos que apunten al verdadero cambio estructural jamás será una herramienta válida para consolidar los cambios que proponemos.