Un informe del CONICET detectó niveles de bacterias fecales que superan hasta tres mil veces los valores permitidos. La ONG Nuevo Ambiente reclama frenar los aumentos de ABSA y advierte por graves riesgos para la salud pública en la región.

Lo que debería ser un espacio de recreación y encuentro familiar hoy representa una amenaza concreta para la salud. Las playas de Berisso atraviesan una situación crítica a raíz del vertido de líquidos cloacales sin el tratamiento adecuado, una problemática que fue alertada por científicos del CONICET y organizaciones ambientalistas.

El foco del conflicto está puesto en la planta de pretratamiento cloacal ubicada en Berisso, que recibe efluentes de La Plata, Berisso y Ensenada. Según los informes técnicos, la infraestructura se encuentra colapsada por el crecimiento poblacional y funciona de manera deficiente, permitiendo que gran parte de los desechos termine directamente en el Río de la Plata.

Una brecha sanitaria alarmante

El científico del CONICET, Gerardo Leotta, explicó que la planta apenas logra tratar unos 5.000 metros cúbicos diarios de los más de 13.000 que llegan solo desde La Plata, a los que se suman los efluentes de Berisso y Ensenada, incluidos residuos hospitalarios. El resultado es un sistema desbordado que no cumple con los estándares mínimos de saneamiento.

Los datos aportados por la Red de Seguridad Alimentaria (RSA) del CONICET refuerzan la gravedad del escenario: mientras la normativa fija un máximo de 2.000 bacterias coliformes fecales cada 100 mililitros de agua, en la zona de descarga se registraron valores promedio de 7.100.000. La contaminación no solo afecta al agua, sino también a la arena, que actúa como reservorio de patógenos.