La situación de la diputada y funcionaria platense Carolina Píparo continúa agravándose, luego de que se hicieran públicas las declaraciones de los policías de la Comisaría 1° de la Ciudad de La Plata. En estas, los efectivos destacaron el estado de ebriedad y mareos de la dirigente de Cambiemos, lo que podría explicar con claridad el hecho de que el Secretario de Seguridad del municipio, Darío Ganduglia, se haya hecho presente de inmediato en el lugar donde se realizó el control de alcoholemia para asistir a su colega. Otro hecho de impunidad por parte del funcionariado platense, pudo detectarse en la burda edición de las cámaras de seguridad de la municipalidad, borrando imágenes sensibles del tema para proteger a la funcionaria.
Al respecto de estos sucesos, el Concejal Guillermo Cara afirmó que «es imprescindible remarcar que la presunción de inocencia nos cabe a todos quienes habitamos este suelo, pero esta es una premisa que para aquellos dirigentes que más han hecho del punitivismo y el endurecimiento de las penas un camino para la obtención de votos, recién hoy recuerdan oportunamente». Asimismo, señaló que «se ha buscado relativizar la gravedad de este hecho delictivo por un supuesto asalto sufrido previamente por Píparo, pero el atropellar a dos motociclistas en la vía pública, arrastrarlos por la calle y luego abandonarlos no puede vincularse de ninguna manera con algo que se le parezca a la justicia».
Sobre el resguardo político que está buscando la dirigente, Cara declaró que «resulta una actitud poco ética y muy cobarde el hecho de escudarse en el cargo obtenido por la voluntad popular, para evitar responsabilizarse por los delitos cometidos. No es para eso que la ciudadanía depositó su confianza en nosotros con un voto».
Por último, señaló que «sería muy interesante que todo el arco político -no sólo el Frente de Todos- le exija a Píparo su lugar en la función pública. Con este hecho delictivo no solo incumplen la ley, sino que queda en evidencia la maniobra tan hipócrita de presentarse como los supuestos paladines de la ética, mientras ocultan y encubren los crímenes que suceden en la propia vereda. No se puede seguir subestimando a la ciudadanía».

