En la noche del lunes 4 de junio y tras 60 horas de letargo y 50 años de cautiverio, se apagó el brillo de la elefanta Pelusa, ícono de la inocencia y frescura de los niños de la región.

La elefanta que se encontraba cautiva y a presta a viajar a la reserva natural en Brasil tras 52 años de vida falleció luego de ser sedada para evitar que sufriera, debido a que su cuadro según los especialistas, era irreversible.
«El equipo veterinario del Jardín Zoológico y los especialistas del Santuario de Elefantes de Brasil junto a la Fundación Franz Weber, definieron tomar el único camino posible para que ella no sufra», consignaron a través de un comunicado.
Además, aclararon que la decisión se tomó junto al fiscal del Ministerio Público de la provincia de Buenos Aires, Marcelo Romero; el titular del Juzgado de Garantías 4 de La Plata, Juan Pablo Masi; la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires, a cargo de Guido Lorenzino; la Defensora Ciudadana de La Plata, Florencia Barcia; y el Decano de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de La Plata, Marcelo Pecoraro, quienes siguieron de cerca la situación de Pelusa y acompañaron la solicitud de eutanasia planteada por los especialistas.

De acuerdo al parte oficial suministrado por el municipio Platense , «los chequeos de laboratorio fueron progresivamente brindando valores negativos. En el día de hoy, a las seis horas orinó por última vez, comenzó a mostrar signos subjetivos de incomodidad que hasta el momento no se habían visto, por lo que se decidió sedarla. En horas de la tarde, a pesar de la sedación, continúo con signos de malestar».
La difícil determinación llegó «luego de 60 horas de control y considerando que el cuadro es irreversible y al no tener soluciones alternativas tanto para curar o al menos paliar el cuadro de sufrimiento presente, es que se pide autorización para realizar el mencionado procedimiento al ejemplar».
Como es bien sabido, y tras un gran agotamiento agravado por su edad y la enfermedad en su pata, el sábado, Pelusa se acostó luego de permanecer dos años parada debido a la enfermedad que le impedía echarse, y desde la comuna montaron una carpa para proteger al paquidermo del rocío y del frío, lo cubrieron con mantas y entibiaron el ambiente con varios calefactores de pie, al tiempo que el equipo de profesionales se mantuvo a su lado de manera permanente.
El equipo veterinario del zoológico y los especialistas de la Fundación Franz Weber, con Scott Blaise al frente, habían advertido que «si ella no presenta signos de querer levantarse, no debe ser forzada a hacerlo; la experiencia en casos similares ha demostrado que ese curso de acción puede entrañar riesgo de muerte».

Blaise añadió que el «objetivo es honrar a Pelusa». «Ella es la razón por la que estamos acá. Tratamos de tenerla lo más confortablemente posible. Siempre puede haber un milagro pero en este punto creo que estamos ante los últimos días de Pelusa», expresó.
El brillo que se extingue tras 52 años, es explicado fielmente por el experto en la atención a Pelusa quien expuso: «Este es el resultado del cautiverio: cincuenta años en este espacio que es completamente insuficiente ya que no permitió la estimulación física, psicológica ni emocional». No obstante, resaltó que «sus cuidadores están completamente dedicados a ella, la adoran, quieren hacer todo lo posible, pero es muy difícil luchar contra lo que genera el cautiverio».


