Luego de los disturbios que expusieron la situación institucional por la que atraviesa el país del norte, fueron los ex presidentes quienes se expresaron en contra de las acciones que se sucedieron y revelaron al mundo, la fragilidad mental de un hombre que ostenta el gobierno del país con más poderío político, económico y armamentístico del mundo.

En este sentido, en el día de ayer y luego de la toma del Capitolio, los ex presidentes se manifestaron al respecto.
En tal sentido fue Obama, primer presidente Negro de los Estados Unidos, hombre fuerte del partido demócrata quien expresó.
«La Historia recordará correctamente la violencia de hoy en el Capitolio incitada por el presidente en funciones, quien ha continuado sin fundamentos la mentira sobre el resultado electoral legal, como un momento de gran deshonor y vergüenza para nuestra nación”
Por su parte y en igual sentido Bush, ex presidente y representante del partido republicano expuso:
«Es repugnante y desgarrador» al referirse a los hechos que el mundo vió en vivo y en directo, a la vez que fue lapidario con una frase que en los oídos de los latinoamericanos suena negativamente, «es como se disputan los resultados electorales en una ‘Banana Republic’ (república bananera), no en nuestra república democrática».
Mientras que Bill Clinton ex presidente e Integrante del partido demócrata Americano caratulaba el hecho como un asalto al decir:
«Hoy enfrentamos un asalto sin precedentes a nuestro Capitolio, nuestra Constitución y nuestro país. El asalto fue alimentado por más de cuatro años de políticas venenosas que difundieron información errónea deliberada, sembraron desconfianza en nuestro sistema y enfrentaron a los estadounidenses entre sí”
En este contexto, donde el manto de la vergüenza cae sobre la capital de la democracia, el toque de queda y la militarización de las calles parecen salidas de una película de acción, poniendo de manifiesto el peligro que se expone en la posibilidad de que un mandatario desequilibrado, atente no solo contra su nación, sino que siente el precedente necesario para que jefes de estados se atornillen en el poder basados en la justificación de la violencia.