La actual vicepresidenta de la Cámara de Diputados se considera una persona humilde, que valora la amistad y que apuesta al diálogo para resolver problemas. Su amor por su ciudad natal, Pigüé, define gran parte de su tarea política.

Marisol es definitivamente un emblema de la nueva camada de políticos, es joven, moderna y derrocha energía a cada paso, pero lo más importante es que nunca abandona su sonrisa cordial. Ni bien comienza la charla, se la percibe como una persona con encanto propio, simpática, pero a la vez con gran personalidad. Con esas cualidades, entre otras, logró llegar a un espacio importante en la política: desde diciembre de 2017 es la vicepresidenta de la HCD y diputada por el bloque PJ-Unidad y Renovación.

Si bien eligió la docencia como carrera, su vocación la volcó siempre a la tarea social. Trabajó en la Subsecretaría de Adicciones, fue directora del Área de Juventud en Saavedra, y luego fue secretaria de Cultura y Educación, hasta que en 2013 fue electa diputada. “Todo lo que se me fue dando en la vida fue impensado, nunca lo planifiqué”, aclara.

Sin lugar a dudas, su filosofía de vida es enfrentarse sin miedos a las sorpresas, disfrutando de las cosas simples: hablar con la gente, compartir un mate con su grupo de amigas que conserva de la infancia, o simplemente estar en su hogar y pasar tiempo con su hijo planeando diferentes actividades. “Quiero esa vida para él, por eso lo crío en mi ciudad, y estudia en el Instituto Niño Jesús, al igual que lo hice yo. Que su vida se desarrolle al aire libre, en el campo con caballos y vacas, jugando con amigos y no encerrado con un celular o una tablet”, sentencia.

Todos de alguna forma tenemos un lugar en el mundo, y el de Marisol es Monte Hermoso: «Es la playa más cercana a nuestro distrito, estamos a 250 kilómetros. Es donde también tengo la posibilidad de visitar amigos que viven ahí y pasar lindos momentos con mi hijo».

Como toda madre su anhelo es que Facundo sea feliz y sienta orgullo de todo lo que hace por él. Hablar de su hijo la transporta y sus pulsaciones aumentan, en un clima de absoluta intimidad nos regaló el relato de un momento único en su vida: “Esperé nueve meses para vivir el momento más feliz. Ver por primera vez la carita de mi hijo me llenó el alma de amor, la felicidad que sentí fue inmensa, fue una mezcla de emociones intensas, indescriptibles y que quedará por siempre en mí”.

Llegando al final del encuentro, aspiramos a conocer qué observa una mujer con tanta fuerza como ella cuando se mira al espejo, y Marisol respondió: “Una persona humilde que no ha cambiado en el transcurso de estos años, que valora la amistad, que apuesta al diálogo como elemento esencial para lograr los mejores resultados en cada reto asumido y que siempre trabaja para mejorar la vida de los demás”.

Prensa de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires